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El juego de la vida

-Lectura de 3min-

 

Es un juego, y los participantes lo saben, pero actúan como si no lo fuese. Nadie elige cuándo ni dónde comenzar, tampoco cómo ni cuándo termina, a menos que alguno elija salir por su propia voluntad. Solo hay una-unica-regla: en algún momento incognoscible… se acaba .

Y acá viene lo loco, nadie sabe que pasa después.

Falsas autoridades inventan falsas respuestas para darle a los participantes la seguridad de la que ellos mismos carecen. Crean seres omnipotentes que transmiten mensajes incomprobables del “más allá”. Los jugadores exigen respuestas. Las necesitan para entender para qué siguen jugando. Porque, ¿cuál es el objetivo final? Nadie lo sabe tampoco. Sin embargo, para avanzar* se establecen metas pautadas por los propios participantes, y quien no elige una meta no tiene mas alternativa que ser la ficha de alguien más… O salir del juego.

*uno “avanza”, es decir se mueve hacia adelante en el tiempo en una falsa sensación de progreso, cuando lo que en realidad hace es permanecer, aletargar la sensación de su propia existencia.

Se establecen supuestas jerarquías en base a géneros o colores, y aun así todos están limitados por la misma piel que habitan y no los deja huir. No hay recreos de sí mismos, no pueden escaparse, a menos que decidan irse para ya no volver.

No se encuentran aislados. Si bien están solos, comparten el juego con otros ¿Crowdsourcing? ¿Sistema de ayuda mutua para alcanzar sus objetivos? No. Se produce un fenómeno muy particular: los jugadores cuentan todo lo bueno que les sucede, todo el tiempo, aun así no sea real. No contarlo, equivale a no estar jugando, y todos quieren demostrar que son parte del juego, aunque eso conlleve perseguir un modelo de jugador tan ideal como irreal creado por ellos mismos, y aunque todos lo sepan, nadie hace nada al respecto. (¿Pueden crear sus propios modelos, y le dan valor a aquellos inalcanzables?!)

No es un juego sencillo.

Es un juego macabro.

Hay factores que condicionan cada jugada. A decir:
-Si el participante sufre bajas temperaturas, sale del juego.
-Si el participante sufre altas temperaturas, sale del juego.
-Si el participante no come, sale del juego.
-Si el participante juega hace mucho tiempo, sale del juego.
-Si el participante no tolera las consecuencias de sus jugadas, sale del juego.
-Si el participante se enamora… Sigue jugando como puede.

Sí. Existe un tipo de evaluación consciente de la percepción del estado corporal del participante durante un conjunto complejo de respuestas químicas y neuronales que forman un patrón distintivo.  A GUAN TÁ. Reacciones involuntarias de las cuales no hay respuestas. No eligen cuando aparece, no tienen control sobre lo que hace con ellos. Algo así como un comodín. El “amor” hace que los jugadores experimenten una sensación ambigua de mucha adrenalina o mucho dolor, y al parecer, sigue siendo la razón por la cual el juego vale la pena .

Pero es un juego desigual.

No todos comienzan con las mismas fichas, y mientras algunos desearían no dejar de jugar nunca, otros padecen la permanencia, pero aun así ¡deciden seguir jugando! ¿Compromiso? ¿Competición? Nada de eso: ¿Qué pasará cuando dejan de ser? Porque ser, aun en las peores condiciones, es mejor que la incertidumbre del no-ser.

Suponen que juegan en modo Beat ‘em upcuando en realidad es más sencillo y nunca salieron del Arcade. Se exterminan entre ellos y hasta ahora no hay segundas vidas. El control es analógico ¡y creen que son los únicos jugando!   Miles de participantes quedan afuera cada hora… y aún así viéndolo ellos mismos, todavía desperdician su partida preguntando cuales son las reglas.

Yo me pregunto… ¿qué es lo peor que podría pasar?

Quiero escucharte